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MONSEÑOR GILBERTO GÓMEZ GONZALEZ Imprimir E-mail

Crónica de una Ceremonia Apoteósica

Por Carlos Casas

Han pasado poco más de 30 días desde que, una mañana en la que desayunábamos luego de la  misa por el descanso eterno de una buena señora, el padre Eliseo Carrasco agitado y gozoso, sumándose a la mesa comento alborozado la buena nueva ¡Ya tenemos nuevo obispo!
Una extraña mezcla de sentimientos nos embargo entonces. Por un lado, la inmensa alegría de saber que había sido nombrado como obispo titular de nuestra diócesis Monseñor Gilberto, y por el otro, el de saber que nuestro pastor Monseñor Isidro, oficialmente dejaba la responsabilidad de la Diócesis a su discípulo bien querido.
Realmente Dios nos había hecho un doble regalo. Teníamos nuevo obispo, y nuestro querido Monseñor Isidro nos anuncio que se quedaría con nosotros predicando y ayudando a las familias y cuando los años pasen, dijo, para que practiquen la caridad conmigo.
 

Pasaron los días, se fijo la fecha para la ceremonia de Toma de Posesión Canónica y nos pusimos a trabajar, hombro a hombro, sacerdotes, religiosas y laicos, para hacer una ceremonia digna, que mostrase al Señor cuanto lo queremos a través de sus representantes.
Se empezó a afinar los detalles para la celebración, empezando por seleccionar voces y fijar fechas de ensayo para el coro “diocesano”. A iniciativa del padre Darío Dueñas se unificaron varios coros locales, el de JUCLLA, el coro de mayores, el de las Hijas de la Divina Providencia, el de Cáritas y el de los Seminaristas.
Luego, en concurridas reuniones fuimos tomando acuerdos, separando actividades, nombrando comisiones y puntualizando opiniones con pasión y hasta algunas extravagancias que, debidamente analizadas y pulidas, contribuyeron al objetivo que buscábamos. Todos hacíamos las tareas con voluntad y alegría.
En Cáritas decidimos apoyar el deseo de los beneficiarios de distintas comunidades que nos hicieron saber su deseo de participar de esta fiesta y presentar sus saludos a Mons. Gilberto como Presidente de nuestra institución.
La última semana estuvo llena de ajetreos y coordinaciones con las autoridades locales. El coro ensayó a diario y se completó con la llegada de los seminaristas, que con sus cultivadas voces, dieron el acento final al conjunto.
El viernes siete, día previo a la ceremonia, empezaron a llegar las delegaciones de todas partes; Obispos y sacerdotes de todo el Perú, representantes de los laicos y religiosos de las distintas parroquias de la Diócesis y de las comunidades beneficiarias de Cáritas, algunos de ellos, desde los confines más remotos de nuestra Diócesis.
Esa noche nos quedamos hasta la madrugada instalando los equipos de Video, Audio e Iluminación en la Catedral. Julio Casas, Marcos Hermoza y Saul Baldotano con mucha voluntad y demostrando gran conocimiento de sus especialidades dejaron todo finiquitado para el día siguiente.
El sábado ocho la actividad comenzó muy temprano. Había ruido de ollas y sartenes por doquier. Se compartía el desayuno con los visitantes y se preparaban los almuerzos. Las madres de la Divina Providencia, encargadas de atender el almuerzo oficial que se ofrecería a los invitados en el Centro de Catequesis trabajaban como hormiguitas blancas.
Hacía las 9 de la mañana llego la banda de la Policía Nacional. Se repartieron las banderitas de saludo a todos y poco después comenzó un colorido pasacalle, que impresiono gratamente a nuestro prelado y sus visitantes.
Monseñor Gilberto, desde el frontis del Palacio Episcopal, repartiendo bendiciones con una gran sonrisa, acompañado de obispos, sacerdotes, junto a sus familiares y amigos venidos desde España, disfruto de los detalles de este desfile en su honor.
Mientras tanto en la catedral, el coro afinaba gargantas y calentaba cuerdas vocales. Las luces se encendieron dando al recinto una claridad meridiana, los fieles iban llegando y asegurando su sitio para participar de esta magna ceremonia, las distintas comisiones hacían sus labores y el nerviosismo, en algunos momentos, hacía presa de algunas hermanas muy comprometidas con su misión.
A las once, una procesión de sacerdotes y obispos salió ordenadamente desde la casa solariega de nuestro pastor hacía la catedral, en esos momentos, repleta a rebozar. A su paso, los fieles apostados en todo el trayecto saludaban con aplausos y hurras, agitando banderitas y rociándolos con pétalos de flores.
Ordenadamente ingresaron a la catedral, donde tomaron sus ubicaciones. El coro los recibió entonando “Pueblo de Reyes” haciendo cimbrar la catedral y los corazones emocionados de los asistentes.
Se comenzó la ceremonia, leyendo la Bula Papal en que se encargaba a Monseñor Gilberto Gómez Gonzales la Diócesis de Abancay.
Monseñor Isidro, como Administrador Apostólico de la Diócesis presento a su sucesor, dándole sus mejores augurios.
Acto seguido, el Arzobispo del Cusco, Mons. Juan Antonio Ugarte, en una breve alocución conto como él junto al padre Miguel Ángel habían ido a España donde consiguieron que Monseñor Gilberto, por entonces joven sacerdote de la diócesis de Tui-Vigo, a través de la Obra de Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana viniera a trabajar en nuestra diócesis.
Luego monseñor Gilberto recibió el báculo y tomo asiento en la Cátedra, ya como Obispo de Abancay, con emocionadas lagrimas mientras la concurrencia lo aplaudía y saludaba agitando banderitas.
A continuación, erguido frente al altar, recibió en manifestación de obediencia y reverencia, el saludo y reconocimiento de todos los sacerdotes y representantes de las religiosas, laicos y autoridades locales.
Luego de la liturgia de la palabra, en su homilía Monseñor Gilberto esbozo los planes para su gestión, agradeciendo y comprometiendo mas el apoyo de todas las organizaciones, movimientos e instituciones de la diócesis, señalando que daría un énfasis especial a la labor social y caritativa de la Iglesia.
Así fue transcurriendo la misa, el coro iba entonando diversas canciones a cuatro voces que resonaban en la bóveda con gran armonía. Muchas personas que llegaron tarde se quedaron a escuchar la misa de pie en los pasillos y, estoicamente, aguantaron así durante más de dos horas.
La Eucaristía fue recibida por muchísimas personas, sin embargo, muchos nos quedamos sin poder recibirla por lo dificultoso que resultaba moverse en la atestada catedral, recibiendo al Señor tan solo espiritualmente. Entre las canciones que se interpretaron, alguna llegaban a tocar las fibras más intimas del corazón, como “Pescador de Hombres” que entonada a cuatro voces mostro la gran maestría de nuestro director.
Terminada la ceremonia, Monseñor Gilberto recibió el emocionado saludo de su grey mientras salía. El sol caía a plomo, cuando salió a la Plaza de Armas donde se vivía un gran ambiente festivo.
Terminada la transmisión en vivo y en directo, que estuvo magistralmente comentada por el padre Doroteo, se empezó a desarmar todo el tinglado técnico, mientras la concurrencia lentamente evacuaba la catedral.
Poco después comenzó el almuerzo. Una nutrida concurrencia degusto los platos preparados por las expertas monjitas de blanco, que con diligencia y alegría atendieron a los invitados.
Seguidamente se disfrutó de un programa en el que instituciones y autoridades locales entregaron bien merecidos reconocimientos a nuestros obispos. También algunos laicos les saludaron y les expresaron, en nombre de todos, nuestra admiración y agradecimiento a Monseñor Isidro, “nuestro viejito”, como – enternecido - confeso José Guevara, que llamaban al obispo emérito.
Termino el evento con una colorida danza preparada por unos jóvenes talaveranos.
Había acabado la fiesta, pero comenzaba una nueva era. Monseñor Gilberto, no nos cabe duda, estará a la altura de los gigantes que le precedieron. Los laicos, como lo expresó Mariluz Elguera, en la breve alocución que tuvo en la ceremonia, estamos comprometidos y prestos a ayudarle en la misión que nos encomendó Jesucristo para trabajar en la construcción del Reino del Señor.

 

¡Monseñor Gilberto, siguiendo el lema de tu escudo episcopal, nos acercamos a ti con la confianza con la que nos acercamos al mismo Jesús. Confiamos en ti, estamos contigo!

 

 

 
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