Mons. Enrique Pélach y Feliú
No sé como empezó el programa de Cáritas, pero recuerdo que en Yauyos, al principio de recibir víveres de Cáritas.
Nos vino la orden de formar en los pueblosunos comités constituidos por cuatro personas: una autoridad comunal, un hombre notable del pueblo y una señora piadosa.
Nos pareció un tanto curioso la designación de dicho comités, en parte porque veníamos de España donde los “comités”, habían tenido mala fama y en parte por lo de la señora piadosa...; pero fuimos formando dichos comités y así comenzó a funcionar Cáritas de Yauyos. Se
tenían que dar los víveres gratuitamente a al gente pobre, sin poderlo venderlos bien cambiando por otra cosa o cobrar algo a los beneficiados. Tenía que ser un reparto totalmente gratuito a personas necesitadas.
Fue un desastre cada vez mayor. ¿Quiénes eran las personas necesitadas? En realidad, todas era n personas necesitadas: las mismas autoridades y la señora piadosa de los comités, y además sus familiares y sus compadres y amigos antes que una día….
En todas partes había quejas y peleas por motivos de víveres de Cáritas. Una razón porque no había honradez ni justicia en la mayoría de los pueblos.
Con Don Ignacio estudiamos a fondo la cuestión. Llegamos a la conclusión de lo que pretendía Cáritas, era solucionar un tremendo problema de pobreza, pero esto no se solucionaba simplemente dando alimentos. Lo que la gente necesitaba era progresaren todos los campos. No había plata para ello, pero se podían utilizar los víveres de Cáritas como estímulo, para que la misma gente hiciera las obras de progreso en sus pueblos con trabajo voluntario, compensados con los alimentos que necesitaban.
El Padre Picher –que todavía no era Obispo- era entonces director de Cáritas Peruana y le invitamos, a visitar a la prelatura de Yauyos, para ver el problema en el mismo ambiente de Los Andes. Fui a buscarle con Land-Rover y subimos a Yauyos con un secretario suyo, visitando varios pueblos en el camino, para que viera el plan de reparto de víveres, que entonces comenzábamos con el estímulo del trabajo voluntario en obras de progreso comunal.

El padre Picher vio el enorme trabajo y gastos que reportaba Cáritas y el saldo negativo en los pueblos que seguían con el primer sistema de reparto a través de los comités, por la falta de honradez y el egoísmo de la gente poco formada.
Don Ignacio le fue explicando por la noche, las ventajas que tenía el sistema que estábamos comenzando. Mons. Orbegozo vio claramente que se podía ayudar a la gente, sí dándoles alimentos porqué había hambre, pero a la vez haciendo que ellos mismos fueran los agentes del desarrollo de sus pueblos, dando alimentos como estímulo del trabajo comunal voluntario.
Les fue explicando al padre Picher y su secretario: si un pueblo lo que necesita es una escuela, se darán alimentos a quienes construyan la escuela.
En otro lugar hace falta una acequia, para llevar agua allá lejos, se darán alimentos a los que abran la acequia.
En un pueblo lo que se necesita es un carretera, se destinaran los víveres de Cáritas a quienes trabaje en la carretera con trabajo persona y voluntario.
Con lo cual la gente necesitada recibirá alimentos y en los pueblos irán quedando obra de progreso para el bien de todos.
Hubo en Lima un congreso para todos los secretarios de Cáritas de las Diócesis del Perú.
Presidía el señor Ravasín, presidente de Cáritas de EE. UU. Asistí como secretario de Caritas de Yauyos, expuse el buen funcionamiento de Cáritas repartiendo los víveres como estímulo del trabajo voluntario, en obras de bien común.
El señor Ravasín se enfadó mucho, me gritó y me riñó diciendo que esto estaba completamente prohibido por el “punto cuarto” y no podíamos hacerlo.
Le contesté que en la prelatura mandaba el prelado y yo obedecía.
¡Muy mal hecho –me gritó- y no puede seguir haciéndolo!
De regreso a Yauyos le conté a Don Ignacio el gran enfado del señor Ravasín. Don Ignacio me dijo que continuaríamos igual, porque lo otro era absurdo.
Pasó un tiempo y vinal Perú. Otro director de Cáritas Internacional el señor Noel (o algo así). Fuimos con Don Ignacio a saludarle y a explicarle a él y al padre Picher, con entendíamos nosotros que se habían de dar los alimentos de Cáritas. Que el sistema de comités era absurdo y motivo de injusticia y peleas en los pueblos, que era mejor darlo con estímulo de trabajo voluntario, para obras comunales en bien de los pueblos, con lo cual se ayudaba con alimentos a los realmente necesitados y además se iban consiguiendo mejoras que tanto necesitaban los pueblos, como se iban obteniendo en 14 poblaciones de la serranía de Yauyos.

Por ejemplo: Se construían escuelas, acequias, y carreteras según lo que más necesitaban en cada lugar.
Escucharon la larga y completa explicación de don Ignacio. Al final el señor Noel dijo taxativamente: No se pude hacer esto; esta totalmente prohibido por el “punto cuarto”. Tiene que darse los alimentos del todo gratis a la gente necesitada. Continúan con los comités de cuatro personas importantes de los pueblos y que sean responsables justos.
“Responsables y justos”… ¡Se lamento don Ignacio! Esto es lo que han demostrado que no son, ante la fácil oportunidad de apropiarse de lo ajeno cuando es algo que todos necesitan.
Insistió don Ignacio que era absurdo continuar con un sistema que daba ocasión a repartos a quienes menos necesitaban –parientes, amigos y compadres de los comités-
Además de riñas y peleas entre el vecindario descontento.
Aparte el señor Noel siguió la posibilidad de cambio del método.
Salimos de la oficina contrariados y en silencio rabioso... nos fuimos con land-Rover al centro de Lima a continuar gestiones.
Don Ignacio se quedo en el banco Wiesse y me dijo muy serio: Llévate el carro y regrésate a Cáritas, reúno a Picher y a Noel y diles de mi parte, que en Yauyos continuaremos dando los víveres como estimulo para el trabajo comunal voluntario. Que si no se admiten este sistema, que no envíen nada. Peor si recibimos un kilo, ese kilo ira destinado como estimulo al trabajo comunal voluntario.
Fui a Caritas y cumplí puntualmente la orden de mi prelado.
El señor Noel y el señor y el padre Picher escucharon muy serios en silencio… al final de mi perorata, encogieron los hombros… y yo me Salí de la oficina.
Durante una larga temporada que seria de un año aproximada mente, continuando enviándonos víveres como de ordinario y nosotros los fuimos repartiendo a nuestro modo, con la alegría de todos.
Un día don Ignacio recibió aviso de que fuera a la oficina de caritas internacional. Pensamos que era por los celebres modos de reparto.
Vete tú –me dijo don Ignacio- pero no cedas. Si no aceptan nuestro sistema, que no envíen nada.
Llegue a la oficina de lima y encontré otra vez al señor Ravasín, que muy amablemente me saludo y me dijo: Han llegado de estados unidos cuatro señores del “punto cuarto” y quisieran ver algunas obras de las que ustedes hacen con víveres de caritas.
¡AH, muy bien! tenemos catorce en marcha. ¿Cuales quieren ver?
Escogieron las tres mas cercas de la cosca del pacifico y también a menos kilo metros de Lima: La carretera de Huangascar, la escuelita de Huayllampi y la carretera Cacra, que estaba en el infiernillo que era un lugar muy difícil.
Salimos de lima con el land Rover de madrugada .Les lleve primero a la carretera de huangascar y vieron a la gente trabajando contento y con gran entusiasmo, a pesar del calor que hacia.
Los comentarios de aquellos señores eran muy expresivos: ¡muy bien!... ¡muy bien!....!yes!... ¡yes!...
Fuimos a huayllampi y vieron a la gente construyeron la escuelita que estaba ya casi terminada.
Y hay los mismos elogios y felicitación ¡muy!...yes ¡muy bien!
Un poco mas allá estaba el celebre infiernillo que era un paso difícil con un medio túnel entre el rió y el cerro; y le estaban ensanchando para dar paso a al carretera de la cacra y estaba la gente medio colgada en la peña sobre el profundo del río. La admiración y elogios e aquellos señores subió de tono, al ver a la gente trabajando tan alegre y animoso en aquel difícil y peligroso lugar y agradeciendo los víveres cuando dije que aquellos señores se los enviaban de Estados Unidos. Incluso los trabajadores les aplaudieron.
Les regrese a lima contentísimos y algo cansados por la excursión pero felices por que lo habían visto evidentemente no esperanzan ver aquello ni lo importante que era no dejaban de hacer elogios y de agradecerme el haberles llevado a ver las tres obras que se hacían con estimulo de los víveres de Cáritas.
Sorprendidos por le cambio de actitud, comentamos con don Ignacio, que había que seguir con nuestro plan y esperar la nuevas disposiciones, que seguramente vendrían del celebre “punto cuarto” de los estados unidos.
Transcurrieron unos meses y vino la nueva disposición para todo el Perú y quizás para otros países; sorprendentemente decía algo así.
“en adelante los alimentos de caritas solamente se podrán destinar como aliciente al trabajo social voluntario, para el progreso de los pueblos”.
Nuestra fue mayúscula y nos dio una gran alegría. Es verdad es verdad que caía en el defecto del péndulo: todo o nada. Había personas con necesidades especiales que bien me resinan ayudas de Cáritas aunque personalmente no pudieran trabajar en ninguna obra social. Más delante conseguimos otro cambio. Esta vez en el tamaño de los costales. recibíamos los víveres en costales que pesaban cuarenta y dos kilos y medio pero las llamas transportaban asta cuarenta kilos ni un kilo mas entonces había que quitar al menos tres quilos abriendo el costal quitando le precinto , que ya no podía ponerse otra vez . Y esto era causa en largos viajes por la puna solitaria, de robos grandes y chicos y luego peleas entre la pobre gente.
Avisamos el problema de las llamas y el peso máximo que llevan nos hicieron caso y comenzaron a enviar en costales de un poco mas de vente quilos.
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